En el verano de 2021, dos grandes incendios arrasaron con miles de hectáreas en la Comarca Andina, al noroeste de la Patagonia.
El primero empezó en enero, en la Cuesta del Ternero, provincia de Río Negro. Uno de sus frentes avanzó hacia la Comunidad Mapuche Nahuelpan. Ante la falta de recursos estatales, fueron los vecinos quienes se pusieron al hombro la defensa del territorio. Se sumaron al trabajo de brigadistas y bomberos y, gracias a ese esfuerzo colectivo, lograron proteger la comunidad. Aun así, el fuego consumió unas 12.500 hectáreas.
Pero lo peor llegó en marzo. Un segundo incendio, esta vez en la zona de El Hoyo, Chubut, complicó todo aún más. Dos focos simultáneos destruyeron 13.000 hectáreas de bosque y 470 viviendas. Los servicios de emergencia colapsaron y, una vez más, fueron los vecinos quienes salieron a enfrentar la catástrofe: contuvieron el avance del fuego, asistieron a los damnificados y ayudaron a reconstruir lo que el fuego había destruido.
Desde Bariloche, un grupo de amigos e integrantes de Diseñadores Sin Fronteras (DSF) viajó a colaborar como voluntarios. A la vuelta, volvieron con una preocupación concreta: la falta de equipamiento para las cuadrillas voluntarias. La indumentaria y herramientas que necesita un brigadista son muy costosas, y muchas veces ni las instituciones ni el Estado logran abastecer y coordinar a quienes quieren ayudar.
Así fue como el equipo interdisciplinario de DSF se puso a trabajar en una alternativa simple y eficiente. El resultado: una mochila hidrante para combatir incendios forestales, que puede armar cualquiera con herramientas básicas y que cuesta solo el 20 % de lo que vale un equipo comercial.
Gracias al apoyo del Fab Lab Bariloche, se construyeron 10 unidades prototipo, que se entregaron a brigadas voluntarias de la Comarca.
Estas mochilas están pensadas para tareas clave como la guardia de cenizas y la detección y contención de focos nuevos. El diseño incluye una bomba manual de vástago, una manguera y un bidón que se puede cargar en cualquier mochila de montaña. La mayoría de los materiales se consigue fácilmente en ferreterías. Solo una pieza requiere ser impresa en 3D con plástico PLA.
Participantes del proyecto:
Alan Schwer, Agustín Capitanich, Peter Schwartzbock, Mariano Filipini, Leo Andreasi